No hubo sorpresas, ganó el mejor. Zapatero, 2; Rajoy, 0. Ése ha sido el resultado de los dos debates entre los candidatos de PSOE y PP a la Presidencia del Gobierno de España celebrados en esta campaña electoral.
En el de ayer, la victoria de Zapatero fue incontestable. No lo digo yo, lo afirman todas las encuestas y todos los medios de comunicación.
Sinceramente, creo que Zapatero estuvo más sereno, más concreto, más cercano y más convincente. No afrontó el debate con el espejo retrovisor puesto, miró al futuro y desgranó un extenso paquete de propuestas en cada uno de los temas abordados.
En cambio, Rajoy volvió a cometer los mismos errores del otro día. Se refugio en las tablas de la inmigración, del debate territorial y del terrorismo. Quiso mermar la enorme ventaja que en credibilidad le saca Zapatero en todas las encuestas con el pertinaz argumento de la mentira. Además, tuvo la incoherencia incluso de introducir el tema de la guerra de Irak y de acusar a Rodríguez Zapatero de engañar a los españoles en este terreno, cosa que nadie cree y que, en lugar de ocultar todos los fracasos y toda la estrategia del engaño masivo del PP durante los últimos años como pretendía, la desnuda y la pone de relieve.
Pero lo peor fue su empeño de repetir el debate, con los mismos temas y las mismas acusaciones. No aportó nada nuevo. No puede ser alternativa quien carece de propuestas. Éste fue su principal error. La niña de Rajoy no sabe qué le propone Rajoy. Se limitó a hablar del pasado. Tiene tan interiorizado su rol de jefe de la oposición que asumió este nuevo reto ante las cámaras como un debate sobre el Estado de la Nación, cuando era otra cosa.
La agresividad de Rajoy tropezó en todo momento con la serenidad de Zapatero. El candidato socialista aprovechó la oportunidad para explicar su programa de gobierno y para decirle a la ciudadanía qué piensa hacer durante los próximos cuatro años si vuelve a obtener la confianza de la mayoría de los españoles y españolas.
Aún así, la gran diferencia, la que distingue a la derecha que representa Rajoy de la izquierda moderna y progresista que lidera Zapatero, pudo evidenciarse en la intervención final. Rajoy terminó su discurso afirmando que la economía es todo (no es de extrañar, con Manuel Pizarro como fichaje estrella y asesor), mientras Zapatero habló de igualdad de oportunidades y diversidad y concluyó afirmando que gobernará para todos y respetando a todos.
Supongo que los ciudadanos habrán tomado nota de estos dos debates. Han sido más de 12 millones de personas frente al televisor. Un ejemplo que fortalece a la democracia y que debe constituir un anticipo para una buena participación el próximo domingo.